martes, 9 de agosto de 2011

En este recorrido en el que el sufrimiento parecía ser la única regla, luché por cosas por las que no vale nada luchar. Como el amor por ejemplo: o lo sientes o no hay fuerza en el mundo que consiga provocarlo. 
Podemos fingir que amamos, podemos acostumbrarnos al otro. Podemos vivir una vida entera de amistad, complicidad, crear una familia, practicar sexo todas las noches, tener orgasmos, y aúasí, sentir que hay un vacío patético en todo eso, falta algo importante.